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El frontis de la embajada de Perú en Argentina, ubicado en la ciudad capital de Buenos Aires, fue escenario del plantón realizado por la agrupación Ni una menos – Peruanas en Argentina en apoyo a la multitudinaria marcha nacional del 13 de agosto contra la violencia de género. “Desde acá reafirma su apoyo y compromiso a todas nuestras compatriotas y se une a la lucha”, señala el colectivo.

 

Como se recuerda, el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) informó  que durante 1990 y 2014 alrededor de 2,724.869 peruanos emigraron siendo Argentina el tercer país con mayor cantidad de residentes (14.2%).

Alrededor de 40 peruanas(os) iniciaron los cánticos exigiendo el cese de los feminicidios, de la impunidad con la que miles de agresores son beneficiados. Así mismo, se realizó una intervención pidiendo justicia para los 2.074 casos de esterilizaciones forzadas a campesinas sin su consentimiento en el gobierno de Alberto Fujimori durante la década de 1990. También se rechazó las declaraciones del cardenal Juan Luis Cipriani quien afirmó en su programa radial que “las estadísticas nos dicen que hay abortos de niñas, pero no es porque hayan abusado de ellas, son muchas veces porque la mujer se pone como en un escaparate, provocando".

 

#LibertadParaBelén

En el marco del plantón del #13A, la agrupación Ni una menos – Peruanas en Argentina participó en la marcha argentina que exigió la liberación de la ciudadana Belén, una joven que sufrió un aborto espontáneo en un hospital y fue condenada a ocho años por homicidio.

La joven de 28 años escribió una carta desde la cárcel, que fue leída en cada una de las marchas que se realizaron: “En esta sociedad muchas veces para ocultar algo, buscan alguien a quien echarle la culpa. Señalan con el dedo a personas a que no pueden defenderse y se las acusa. No se las escucha. Son culpables por su cara, por su ropa, por ser pobres o por ser mujer como yo. A nadie le importó lo que yo tenía para decir. Yo dije mi verdad, pero nadie me escuchó. Me creyeron culpable apenas me vieron. Todos han hablado de mí como si yo fuera un monstruo. Ahora siento que estoy más cerca de que se haga justicia para mí. Siento que por fin mi palabra vale. Pero cada noche cuando me voy a dormir pienso que yo estoy acá y los que me acusaron, señalaron y condenaron están afuera. Para ellos es la libertad, para mi la cárcel. Esta sociedad se convierte en suciedad cada día que pasa sin que haya justicia. Desde hace dos años y cuatro meses que no vuelvo a mi casa, que no veo a mi familia. Eso es lo que más lamento, que me separaron de mi familia. Ojalá que ninguna otra chica tenga que pasar lo que estoy viviendo yo”.

 

Foto: Adrián Arriola