Publicado el:

Mujeres integrantes de la organización de desplazados "La Victoria", en Ayacucho, participaron en un taller de video comunitario facilitado por la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, el Servicio Civil para la Paz de la GIZ y el Centro Loyola de Ayacucho donde realizaron un video sobre la historia que les tocó vivir durante el conflicto armado interno.

 

Yolanda Baldeón Coronado tenía 18 años y estaba embarazada de su primer hijo cuando se vio obligada a desplazarse desde el distrito de Marcas, de la provincia de Acobamba, en Huancavelica, hasta Huamanga, en Ayacucho. Cuando Yolanda se desplazó estaba junto a su esposo con el que ahora tienen 8 hijos.

“Nosotros dejamos a nuestros animales, ropa, vivienda y todo. Solo venimos con nuestra ropa de encima”, recuerda Yolanda, quien ahora es la presidenta de la organización "La Victoria" y también presidenta de las 26 Asociaciones de Familias Desplazadas por la Violencia Política de Ayacucho (AFADVIPAs). Según el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, cerca de medio millón de personas, la mayoría campesinos quechuablantes, abandonaron sus hogares y se desplazaron a ciudades ya que el Estado no les garantizaba seguridad.  “Hay una ley, la ley Nº 28592 (Plan Integral de Reparaciones), que dice que se nos puede reparar colectivamente y nosotros estamos gestionando nuestra reparación colectiva como desplazados porque el Estado se ha olvidado de nosotros”, señala la señora Yolanda.

Hasta julio del 2014, el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP) informó que aproximadamente 57 mil personas desplazadas por el conflicto armado interno, entre los años 1980 y 2000, fueron registradas y acreditadas por el Registro Nacional de Personas Desplazadas del  MIMP. Además, existen 2 programas de reparación para este grupo de afectados a consecuencia del conflicto armado interno: el Programa de Reparaciones Colectivas para el Grupo de Desplazados No Retornantes, que recibirán financiamiento para proyectos productivos, y el Programa de Facilitación al Acceso Habitacional. Al respecto, el Registro Nacional de Personas Desplazadas permite el acceso gratuito al Seguro Integral de Salud así como el recococimiento de la propiedad de las tierras en su origen.

La presidenta de las AFADVIPAs cuenta que ahora hay 4 organizaciones que son piloto de las reparaciones colectivas y están en trámite 9 organizaciones más para el 2016. Como señala Yolanda Baldeón, si bien es cierto que “son un avance estas reparaciones”, hay autoridades que no les hacen caso y denuncia que tampoco lo hacen los medios de comunicación.

“Si las autoridades no nos hacen caso entonces nosotros podemos ir a medios de comunicación con un video”; sin embargo, Yolanda señala que cuando acuden a ellos se quejan y dicen “desplazados tenían que ser, afectados tenían que ser”. La representante de las 26 organizaciones de desplazados en Huamanga lamenta que “no se pueda conversar algo porque nos botan y eso no debe ser ni en radio ni en televisión”.  Es por ello que, en su calidad de presidenta, Yolanda pide a los medios de comunicación que les” abran las puertas” pues quedan muchas familias que continúan en el olvido a pesar de ser víctimas de la violencia interna que se dio en Perú y sus historias merecen ser escuchadas.

El taller de video comunitario del que participaron les permitió contar sobre los cadáveres que encontraban cuando recogían leña cerca de sus casas y las amenazas que recibían si lo denunciaban. El video que realizaron con el apoyo de sus hijos, quienes ayudaron en la traducción del quechua al castellano, y donde ellas mismas se entrevistaban, les ayudó a aprender otra forma de contar sus historias y ser escuchadas.

Yolanda, en nombre de las familias desplazadas en Huamanga, anima a otras personas afectadas por el conflicto armado interno a que se organicen para que puedan gestionar sus respectivas reparaciones, especialmente las que se refieren a educación. Muchos de los desplazados tuvieron que empezar desde cero y no pudieron acceder a la educación básica o superior; por eso, uno de los objetivos que quieren lograr los peruanos desplazados y agrupados en las AFADVIPA es que sus hijos accedan a este derecho.

“Para nosotras fue algo maravilloso agarrar esas máquinas y aprender. Nunca habíamos tocado esas máquinas pero, ahí en esos videos, vernos y escucharnos es algo bonito”, recuerda Yolanda. Ellas afirman que ahora tienen más confianza en si mismas. 

Foto: Inga Seifert